Basta aguzar el oído para escuchar historias de antiguos piratas y corsarios asediando a La Habana, la palabra elocuente del Apóstol en boca de quienes desandan sus calles, el recuerdo de ciclones memorables,  las multitudinarias marchas del pueblo, los discursos encendidos de Fidel.

Basta afinar un tantico los sentidos, para reconocer, en el eco de sus calles, los pasos de ese quijote moderno llamado Eusebio Leal, quien hizo de esta urbe, su eterna novia.

Hace 501 años, al pie de una ceiba, nació la capital cubana, ciudad que con el paso de los siglos se ha convertido en punto de referencia para viajeros de distintas partes del mundo.

Sus calles, donde tradición y modernidad se dan la mano, permiten ver el paso de los años. En algunos lugares, las fisuras son desgarrador recuerdo de lo que sucede cuando se deja, para mañana, lo que es menester hacer hoy. Pese a ello, la ciudad, con su eterno romance con la mar, y el perenne verde de sus arbolados, atrapan a cuantos desandan por sus calles. Cada reparto tiene un encanto particular, una historia oculta, personajes casi anónimos que con su actuar y ocurrencias, ponen sabor a la vida de los capitalinos.

eusebioEusebio Leal Foto: Roberto Chile

La Habana cumple, este 16 de noviembre, 501 años y lo hace, con una lágrima colgando de su rostro. El más leal de sus amantes no desandará esta vez por sus calles y callejuelas. Aún cuando el eco de sus pasos sobre los adoquines llene todos los espacios de la Plaza Vieja, y la Giraldilla insista, infructuosamente, en buscarle entre la multitud para regalarle un guiño cómplice; en cada esquina se hará presente el recuerdo del hombre que hizo, del rescate de la capital de Cuba, su sacerdocio.

Próximo a este 16 de noviembre, los cubanos sienten una añoranza arrasadora, el último de sus quijotes, el orador exquisito, el luchador incansable que supo poner el alma en cuanto hizo, permanecerá en silencio aparente. Su legado hablará por él.

La Habana, donde las sábanas blancas dejaron de ser simples telas colgando de los balcones para convertirse en muestra de cariño hacia su historiador, y que acogerá por siempre, cual devota madre, los restos de su amado hijo, festejará otro año de existencia, con nuevas obras en beneficio del pueblo, y con la seguridad de que, de sus repartos, seguirán brotando quijotes dispuestos a darlo todo, porque historia y modernidad, conviven en perfecta armonía.